viernes, 3 de octubre de 2014

Diez de Gretchen McNeil

Título: Diez
Autora: Gretchen McNeil

Editorial: Maeva Young
Palabras clave sobre el género: Juvenil, asesinato, misterio, adolescencia

Puntuación total: 3/5
Edición: 3/5
Narración: 3/5
Diálogos: 3/5
Personajes: 2'5/5
Relaciones: 2'5/5

Leí esta novela a principios de julio cuando empezaba a estar un poco saturada por las novelas de fantasía, porque aunque es mi género preferido, hay que prestar atención al resto de ofertas. En este caso me decanté por una novela de misterio de la que no había leído absolutamente nada, simplemente me llamó la atención porque sugería un parecido con las películas de los noventa en los que un asesino en serie aterroriza a un grupo de adolescentes que no saben por dónde les vienen las tortas.

El libro me duró un suspiro porque tiene una narración muy ágil (además de no ser especialmente largo en su extensión) y los sucesos se dan de forma rápida, animando al lector a continuar leyendo sin detenerse.

La acción arranca con Meg, una protagonista ciertamente atormentada ya de inicio por el miedo a fallar con sus decisiones. Desde el principio se nos presenta a esta chica como alguien deseoso de escapar de su vida en el instituto, pero incapaz de ser sincera con la persona que más la retiene y que es su mejor amiga, Minnie. Ambas han recibido una invitación a una exclusiva fiesta en la mansión de los Cliff y aunque Meg no sea muy entusiasta con este tipo de eventos, decide darle el gusto de asistir a su amiga. Por ello se embarcan, sin decírselo a sus padres, en el ferry que les llevará a la isla en la que tendrá lugar la fiesta.

Como todas las historias de terror adolescente de este tipo, tiene un punto predecible pero la verdad es que resulta de lo más entretenido. Amenazas y mensajes ensangrentados no tardan en aparecer. Las muertes son originales y las señales que va dejando el asesino hacen que el lector pueda hacerse una idea de lo que va a ocurrir a continuación. Yo creo que su punto fuerte es que logra tomar los estereotipos de este género y plasmarlos en el papel con acierto, quizá hay algunas escenas que pierdan algo de congruencia pero lo cierto es que no estropean la continuidad.

En cuanto a los personajes, todos ellos son lo que cabría esperar en este tipo de historias, arquetipos perfectos para hacerles blanco de cualquier asesino. Meg resulta un personaje principal decente, aunque haya veces que se equivoque en sus deducciones supuestamente brillantes, además de que tiene un gran problema personal que no se atreve a afrontar. Minnie me pareció desequilibrada desde el primer momento, con ataques de ansiedad y un gran síndrome de narcisismo se me hizo realmente insoportable (yo soy Meg y la mando a freír gárgaras en el tercer capítulo). T. J. es el chico guapo, el valiente e inteligente que intenta buscar una respuesta lógica a lo que está ocurriendo, quizá sea demasiado perfecto para ser creíble pero ¡qué demonios! esto es ficción y no pasa nada. Hay muchos otros personajes, cada uno con sus dramas personales y sus formas de ser en algún punto molesto.

Como ya he dicho antes, la escritura es ágil y sin artificio. Una narración en tercera persona que aunque lo ve todo desde fuera, sin ser dañado, también reduce el conocimiento del lector al de los mismos personajes. Lo único que me pareció un poco fuera de lugar fue esa semejanza que se empeñaba en establecer entre esta novela en Diez negritos de Agatha Christie porque, seamos sinceros, la maestra de la intriga que nos acompañó durante la infancia a muchos de nosotros, está en una liga muy superior a la de esta novela. Aquí solo pretende entretener y dar alguna que otra sorpresa, no mantenerte en vilo durante toda la lectura.

Para terminar os diré que me parece una novela muy susceptible a convertirse en adaptación cinematográfica y creo que triunfaría muchísimo.

Cita:
Meg miró por la ventana. La lluvia había amainado momentáneamente, ya no había surcos de agua zigzagueando por los cristales; el viento, sin embargo, había aumentado. Aullaba a través de la cabina, azotando el barco desde la proa y golpeando ambos lados con una fuerza casi sobrenatural.